EL PATO DORMILÓN

 
"EL PATO DORMILÓN"

Por Antonio Canales. Bailaor.

 La incubación duró unos veinticuatro días, así que durante la última semana de marzo nuestros patos reales estuvieron muy ocupados. El mismo día 25 de marzo tuvo lugar la eclosión de los primeros huevos. Lucinda les ayudó a salir del cascarón, pues en estos momento el señor Flamme había salido a buscar comida. Cuando volvió se encontró a los dos polluelos completamente secos, aunque un tanto adormilados. Al día siguiente hizo su aparición el tercero y poco después nacieron tres más. 
Uno de los polluelos no daba signo alguno de querer abandonar su cascarón. El señor Flamme se empezaban a impacientar, pues el precioso huevo brillante que tanto le había llamado la atención no parecía tener prisa alguna por salir al mundo. Así pasaron dos días y dos noches y nada sucedió. 
Flamme estaba tan ocupado con las crías, que se olvidó por completo del huevo brillante que su esposa seguía incubando, cuando héte aquí que una mañana muy temprano Lucinda dio un respingo y se levantó. 

Era el 31 de marzo y el último de los huevos se había movido. Todos callaron expectantes. Al cabo de unos instantes se oyeron unos tenues golpecitos... 

Después todo volvió al silencio. El señor Flamme creyó que había llegado el momento de intervenir, así que suavemente golpeó el huevo con su pico para que el polluelo pudiera al fin salir a la luz. En el interior se oían unos débiles gemidos pero el más pequeño de la nidada, aún mecido en su sueño, no parecía tener intención alguna de querer despertar. Estaba vivo, respiraba, pero seguía profundamente dormido. Flamme y Lucinda se miraron a los ojos. Ambos estaban estupefactos. 
El recién nacido dormía con tanta felicidad, estaba tan abandonado a su sueño... 
Al cabo de unos días, se oyó un bostezo que  procedía  del nido. La escena no podía ser más graciosa, pues a cada uno de los movimientos del perezoso polluelo el plumón se volatizaba en el aire. El ánade dorado ya no cabía en esta cuna improvisada, las patas le colgaban entre la hojarasca y sus alas estaban extendidas, absolutamente inmóviles... 

"Buenos días, hijo, al fin has despertado. Ya empezábamos a pensar si algún día te decidirías a hacerlo o te pasarías la vida durmiendo. Llegas a punto para desayunar. Hace un día precioso, así que en cuanto terminemos de comer visitaremos el lago y te mostraremos los escondrijos de este magnífico jardín donde vivimos." Flamme había dado un brinco cuando oyó aquel bostezo tan esperado y ahora hablaba pausado, muy bajito, pues no quería asustar a su retoño. El polluelo a su vez no salía de su asombro, sonreía y dejaba escapar unos suaves "cuac- cuac", como asintiendo a las palabras del padre. 

Después miro a Lucinda y madre e hijo se abrazaron. "Al fin has despertado, Dormilón. Ya no sabíamos qué hacer, estabas creciendo y el nido dentro de poco hubiera sido demasiado pequeño. Anda, salta de la cama y podrás comprobar que si dormir es una buena cosa, el despertar está lleno de sorpresas. Todos estamos ansiosos por volver al lago. Es el mejor tiempo del año para bañarse y ya es hora de que nosotros mismos nos procuremos alimentos. Tu padre también se merece un descanso." 

"Cuac-cuac", repetía una y otra vez el polluelo, mientras abrazaba a sus padres y a sus hermanos. 

Ha pasado el tiempo y todos recuerdan las andanzas de aquel ánade real que tardó tanto en despertar y a quien cuando abrió los ojos su madre le había llamado Dormilón. Según cuentan era muy vivaracho y parlanchín, aunque también muy reservado y amante de la soledad. Era una criatura muy independiente, que de vez en cuando necesitaba perderse en sus pensamientos, escuchar la música del aire… 

Y poseía el don de interpretar los sueños, cosa que a nadie le extrañaba sabiendo cuanto había dormido al nacer, pues cuando uno duerme puede soñar y en los sueños se hallan las claves del despertar… 
Dejadle por ello sin embargo que repose, que duerma cuanto necesite. Desde su sueño velará por todos nosotros y en su quietud volará tan alto que casi ninguno de nosotros podrá darle alcance... 

Para mi hijo Antonio. "Te quiero"

4 comentarios: