PERSONALÍSIMO

PERSONALÍSIMO 
Hola: #ángeles de mi #corazón... Soy el #cuenta_cuentos de La #Danza…
Hasta que el ser humano no ha sido arrinconado a la soledad más tremenda que pueda existir, no nos hemos atrevido a mirarnos en el espejo del alma, cada uno, con la valentía suficiente. Este espejo es tan estrecho e íntimo que solo cabes tú. Nadie puede entrar en él, porque solo refleja tu imagen. Esto nos ha hecho entender, de un solo golpe, que somos un universo en esencia cada cual, y que las dependencias ordinarias a las que estábamos sujetos, ahora no nos sirven de nada. Y es tan duro, miserable y descarnado, como tierno, compasivo y amoroso asomarse con calma y atención, a ese espejo eterno que tanto nos asusta y que no es otra cosa que la vida misma sin ningún disfraz. Nos ha sorprendido  lo inesperado de una forma brutal, y de la noche a la mañana se nos quedó helada la sangre en las venas. Nuestros mayores; que son nuestros tesoros más preciados, han pasado a ser dolorosos sacrificios de nuestras culpas. Nuestros infantes, héroes sin mácula, nos miran con los ojos muy abiertos sin saber que está pasando. Y nuestros jóvenes, fogosos, sufren en silencio al no poder pelear con sombras que no ven. Pero los adultos, que hemos vivido muchas guerras y pocas bonanzas, muchos cambios de rumbo, cataclismos universales y endiablados momentos, en estos interminables días se nos heló de un golpe la sangre en las venas. Hoy, estamos asistiendo al crepúsculo de una era que ya nunca más tendrá memoria. Hay tantas cosas encubiertas que en estos días no se dicen. Hay tantos secretos personales que duermen con nosotros y no se manifiestan, tantos sueños convertidos en pesadillas que cada día crecen con más fuerza, dentro de nosotros, sin respuesta alguna. Nos chocamos una y otra vez contra el muro de la ignorancia a cada cinco minutos... La sexualidad; máxima expresión de la existencia, en estos momentos tan siniestros no es más que un pasatiempo sin contenido. Se nos cayeron los palos del sombrajo, y hoy ardemos bajo un sol inclemente donde la vanidad, el egoísmo, la soberbia, la bondad, el amor, la vida y la muerte están teñidos del mismo color marrón; que ni siquiera es un color... Es tan grande y desconocido lo que estamos viviendo, que no hay palabra, adjetivo o verbo que lo pueda nombrar. Podríamos llamarlo un nuevo Jehova (el que no tiene nombre)...

Antonio Canales 

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